Plan 

1 Ago

Yo no iba a ser capaz de dejarte, entonces hice todo para que me dejaras tú. Y resultó. 

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Seguir

30 Jul

Retomar el ritmo de vida habitual ha sido algo bastante positivo. Me han pasado muchas cosas malas este año y sigo de pie. O no tanto, pero sigo. Creo que al menos seguir ya es un logro.

Me reencanté con mi trabajo. Me recibieron super bien de vuelta, el equipo es genial y lo pasamos chancho. Siento que lo que hago es importante y que puede ayudar a muchas personas y, por qué no, al paìs. Eso me llena de orgullo. Además, todos me encuentran  más linda y eso tiene que ver con kilos menos, voy bien encaminada.

He tratado de rodearme de gente que me quiere y que me hace bien, pero le abrí la puerta a alguien que tenía casi olvidado y me desestabilizó de nuevo. En una semana estaba de vuelta en mayo, con las mismas angustias, los mismos miedos, las mismas sensaciones de mierda. Me ha costado dejarlo ir porque pese a todo lo malo, lo quiero. Lo quiero mucho. Me enternece a niveles que no conocía. Estaba tan contenta al principio, pero era todo una fantasía, nunca fue recíproco. Una vez me dijo “¿y si me enamoro de ti?”. No tiene idea el efecto de esas palabras en mí, se me estrujó el corazón. Eso fue maldad pura y genuina.

Estas semanas he estado triste. He pasado harto tiempo sola en mi casa, leyendo, escribiendo, mirando por la ventana, durmiendo, fumando. He tenido instantes de mucha risa con mis amigos, que andan (de nuevo) sacándome de la mierda en la que me metí. No he tenido fuerzas para seguir yendo a pilates, porque siento que me cuesta moverme, me canso ene, me cuesta vivir.

Tal vez me haría bien viajar a mi casa, pero no me da el cuero para ir  y ver que mi abuelo no está. Ver que está su cama vacía,  sus cositas. Su olor. Algún día lo voy a tener que hacer, claro está, pero necesito estar un poco más entera para eso.

¿Cómo se sentirá tener todo en orden? Los afectos, las penas, los deseos. Yo tengo todo desordenado, he ponderado mejor las penas, pero hasta por ahí nomás. ¿Habrá gente que tenga todo resuelto? o al menos lo principal: amor, pega, salud. Creo conocer gente así, que no se complica por nada. Se acaba algo y chao. Ven que la cosa nació muerta y chao. Yo no, yo me quedo y vuelvo y vuelvo. Salvo con la Paula, con quien estoy enojada hace varios meses y no creo que vuelva a quererla como antes. La muerte de mi tata fue un buen momento para volver y antes estuvo mi término del magister. Nada. Se acabó.

¿Será que todos tenemos una vida de mierda y sólo algunos están capacitados para lidiar con eso? ¿Será que la felicidad no es un estado permanente, sino pequeños instantes de alegría que hay que atesorar? Ju nous. 

La pena 

6 Jun

He tenido pena varias veces. Lloro con las historias tristes, las películas, la injusticia y un montón de situaciones que probablemente le dan pena a todo el mundo.

Trato, además, de no reprimir el llanto. Soy una convencida que la gente que se contiene de llorar, reír, pelear, etc es infeliz y estítica.

Mi tata se infartó en noviembre de 2015 y lloré desconsoladamente. Vine a Los Ángeles a verlo y ahí estaba, en una camilla haciendo chistes. Me tuve que tragar las lágrimas para que no me viera así. Lo dieron de alta y se deterioró bastante, pasó más en cama y requirió más cuidados que antes, pero contra todo pronóstico, sobrevivió.

El miércoles pasado, el 31 de mayo, me estaba duchando y escuchando I love to love de Tina Charles y la canción se detuvo. Me asomé por la cortina y vi que mi mamá me llamaba y decidí contestar y puse el altavoz: “hija, falleció el abuelito”. Tomé aire y ahí me quedé. “Cotita, ¿aló?” Ya mamita, voy a viajar ahora.

Tuve que terminar de ducharme y lloré con hipo. Es la pena más grande que he sentido en la vida. “Se murió el hombre de tu vida” me dijo la Kena. Y sí, poh. Se murió el hombre más importante de mi vida. El que se desvivía por mi, el que me traía un yogur cuando se iba a pagar, el que me compró una pantera rosa en la vega con las indicaciones que le di. El que me hizo un columpio en el patio. El que me fue a dejar un año entero al liceo porque un hueon en bicicleta me perseguía. El que me preguntaba si necesitaba “unos pesitos” cada vez que venía, hasta la semana antepasada. El que me preguntaba si donde vivía en Santiago me trataban bien, si tenía ducha, si pasaba frío. El que posaba para que le sacara fotos cada vez que me veía aparecer con el teléfono.

Agradezco a la vida haber podido disfrutar tanto de él. Fueron 97 años, 36 de los cuales los pasamos juntos. En cada feriado y vacaciones elegí venir a verlos, porque no son eternos. Me siento muy tranquila por haber optado por eso y también sé que a él le encantaba que viniera.

Ahora me tengo que conformar con los recuerdos y seguir adelante sin su presencia. Tengo pena, una pena profunda y desgarradora.

El desapego

26 May

No recuerdo si en posts más antiguos escribí sobre esto. Bueno, da lo mismo.
Parto por lo contrario: el apego. Siento que tengo más desarrollado el apego con personas que con cosas. En esta etapa de mi vida, creo que sólo estoy apegada a mi mamá y mis abuelitos.
Con respecto a las cosas materiales, en algún momento me volví loca comprando leseras: perfumes, maquillaje, esmaltes de uñas, ropa más chica para motivarme a dejar de comer, ropa deportiva que quedó virgen, zapatos y carteras que nunca usé y un montón de huevadas, para decirlo claramente. Huevadas en las que gasté tiempo, plata y espacio. Cuando me tuve que ir de La Serena me di cuenta de la cantidad de ropa con etiqueta y zapatos nuevos en sus cajas y decidí intentar venderlos. Tal vez fue mi primer acercamiento con el desapego de la cosas acumuladas: vendí harto y regalé mucho más. Es lindo regalar.
Hace poco, hice otro análisis de las cosas que me quedaron y las puse a la venta (tengo habilidades para eso). La ropa (que me queda chica o grande, que lleva ene tiempo guardada, que ya no me gusta) la metí a una bolsa y la dejé en el “closet ecológico” del edificio, ahí probablemente alguien la tomó y la puede vender.
Ahora siento muy poco apego por las cosas materiales. Si algo se echa a perder, lo boto y se acabó. Si no tengo plata para reponerlo, aprendo a vivir sin eso. Si algo funciona, no hay necesidad de renovarlo. No me interesa tener un auto o viajar a una playa paradisiaca en las vacaciones, porque mis prioridades son distintas (y no tengo plata). Si tengo días libres, prefiero ir a Los Ángeles. ¿Quiero un departamento propio? Sí, de eso tengo ganas.
A estas alturas tengo una confusión entre el desapego y la falta de ambición, porque suenan bien parecido. Capaz que sea una mezcla de ambas.

Desesperanza aprendida 

15 May

Un sicólogo me mandó a leer sobre este concepto. Se lo whatsapeé a la Paula para que no se me olvidara, porque debía hacerlo dentro de la semana. No me acuerdo si me dio una web en particular, pero lo que hice fue lo que haría cualquiera: googlear. También busqué en pubmed, pero encontré pocazo.

Encontré información sobre el origen del concepto, que (según lo que entendí) proviene del experimento con unos animales, de un señor cuyo nombre no recuerdo. Consistía en darle choques eléctricos a ambos, pero uno tenía la posibilidad de escapar y el otro no. Esto lo repetía varias veces y el animal que no tenía cómo escapar de las descargas, APRENDÍA que pasara lo que pasara, hiciera lo que hiciera, el resultado sería el mismo: iba a sentir el dolor del choque eléctrico. Entonces, con el correr del tiempo, ese animalito recibía las descargas sin moverse ni intentar nada, porque para qué, poh. Este tipo de aprendizaje lo extrapolaron a diversas circunstancias y situaciones de la vida humana y le dieron el nombre del título de este relato: desesperanza aprendida.

Me vi reflejada en algunas situaciones que describían en las diversas fuentes que leí; hablaban de los niños golpeados, mujeres maltratadas, personas que les va mal en los estudios, trabajo, negocios, relaciones interpersonales, todos con una forma de operar similar a la del animal que recibía la descarga y aprendió que no podía escapar, aunque pataleara o se desesperara.

Me cuesta diferenciar, eso sí, qué es desesperanza aprendida y qué es sanidad mental. Obviamente no tenemos en nuestras manos la solución a todos los problemas, debemos muchas veces aprender a vivir con ellos, pero ahora tengo en mi cabeza la duda: ¿debo resignarme o es que realmente debo patalear para encontrar una solución? En varias cosas (laborales y personales) me aburrí de patalear y ahora, producto de este nuevo aprendizaje, me las estoy replanteando.

Capaz que sea una pura huevada, pero quién sabe. Desaprender y aprender de nuevo da flojera, pero suena bien.

Fantasías

13 Abr

Pienso en lo hermoso que sería que me vinieras a buscar, me tomaras de la mano y saliéramos a pasear. O que nos encontremos en la calle y corras a abrazarme y que eso te haga feliz. Que se te dibuje una sonrisa en el rostro al verme. Que te nazca hacerme cariño, que me extrañes. Que pienses en mí y te calmes. Que mi compañía sea un alivio. Que me necesites.

Y de repente me acuerdo que todo eso te pasa con otra persona.

 

Volveré

25 Sep

Echo de menos escribir algo que no sea la tesis (tampoco digamos que he avanzado mucho). Han pasado cantidá de cosas en estos cuatro años de ausencia, cuatro años que coinciden con mi cambio desde La Serena a Santiago.

¿Echo de menos algo de La Serena? Algunas personas, los gatos, la comida. Gracias a la vida, acá venden queso Huentelauquén, así que la pena es menor. Con don Francisco todavía nos comunicamos por teléfono, me llamó para desearme feliz santo (12 de septiembre, Dulce nombre de María).

Tengo la misma pega desde que me vine, he conocido amiguitos nuevos. Gente buena, apañadora. Me he equivocado con algunos/as, pero ya aprendí a no calentarme la cabeza con gente que no aporta.

Estoy en el segundo año de un magister, en plena tesis. Me tiene cansada la tesis. Agotada. Hastiada. Pero la terminaré este año, no quiero ser parte de la estadística de eternos tesistas que nunca se titulan (como voh).

Me sigo riendo de las mismas cosas. La gente con la que me junto, también.

Me sigue gustando la misma música. He incorporado muy pocas cosas nuevas, tengo neofobia musical.

Mis abuelos siguen vivos (95 y 96 años) y ya se levantan menos. Se ponen tan contentos y cocorocos cuando los voy a ver, cochas pechochas. Mi mamá y la Paloma están bien.

Y tampoco sé por quién chucha voy a votar.